Siempre estaré agradecido al Radio Club Henares (EA4RCH) por haberme invitado a mi primera activación de un vértice geodésico.
La verdad es que no era la típica actividad que habría puesto en mi lista de cosas pendientes a probar en el mundo de la radio. No me parecía especialmente atractivo; no entendía el motivo de ir a mitad del campo a poner una radio. Recuerdo incluso que tenía un poco de miedo, y que medio en broma, medio en serio, le dije a mi mujer: «Voy a un descampado, en medio de la nada, con unos desconocidos, a una hora en coche de la civilización. Si no he vuelto en 12h llama a la policía».
No podía estar más equivocado. Porque la activación no solo fue una de las mejores experiencias en la radio de mi vida como radioaficionado, si no que rompió todos mis esquemas en cuanto a como vivir la afición.
Primero vi la contraposición con mi primera estación Mi primera estación: montar una emisora que haga cientos de contactos no solo es posible, es sencillo con unas nociones básicas en radio portable.
Además, como era mi primera activación yo no tenía pensado salir por la radio, porque tenía miedo a hacerlo mal; y qué equivocado estaba en esto también.
No sé si esto es lo que le pasa a todo el mundo, pero en cuanto me dejaron a cargo del pile-up, y comencé a hacer contactos, el subidón que sentí fue brutal.
Tengo que decir que partía con cierta ventaja en comparación con otros noveles que salieron al aire ese día, e incluso me felicitaron por tener una primera vez tan solvente.
Y esta pequeña ventaja se debe a que antes de la activación me puse a escuchar como un loco, por la radio y por internet, para aprender cómo lo hacían los operadores más experimentados; tanto nacionales como extranjeros (en inglés).
Y aunque los radioaficionados podamos parecer pesados, no puedo dejar de recomendar lo que todos echamos de menos más adelante: «escuchar antes de salir».
Y ahora, con la perspectiva de la experiencia sé que cometí muchos errores; y que las felicitaciones eran en parte más ánimos que alabanzas. Pero no puedo dejar de estar más que satisfecho de haber escuchado, de haber estado atento y tener la paciencia de aprender por mi cuenta.
Porque después del fiasco de la primera instalación, que no pasó de un par de días de prueba, estaba realmente desanimado. Casi dejo la afición de lado, siendo totalmente culpa de mi falta de paciencia, si no hubiese sido por esta primera activación; a la que fui, no sé muy bien por qué; en la que lo pasé mal por los nervios y en la que me «obligaron» a salir por la radio. Y en este punto, que sé las alegrías que me ha traído la radioafición, respiro aliviado por haber «sufrido» estas incomodidades.
Esta experiencia me lleva a una conclusión un poco dura para todos los que empiezan en la radio. No hay que dejarse engañar por las apariencias, esta no es una afición solitaria en absoluto; necesitas a los otros radioaficionados para darte cuenta de lo poco que se sabe, y para poder tener un corresponsal amable que te responda al otro lado de la radio a tus llamadas sin propósito alguno un sábado a las 2 de la madrugada.